Ya me daba lástima hasta de mi misma. Este es uno de los momentos de tu vida en los que tienes que decidir: si no saber que decir durante el resto de tus días o sentarte frente al ordenador para que, el día que tengas algo que decir, alguna persona de este planeta lo lea. Y quieras que no es una decisión difícil y arriesgada. Y cansina.
Pero como veis, me he decidido: prefiero mil veces hablar de nada que callarme algo. Y lo bueno de estas cosas es que escuchas, lees y haces cosas que te gustaría contar en un post, pero no en este, en otro quizás... Y una cosa lleva a la otra, y a la otra y a la otra y llega un momento en el que te da vergüenza escribir aquella cosa que te parecía bien en un principio. Como dice mi santa madre: ¡Qué trágica eres, niña!
Porque para estas cosas soy muy extrema, yo lo reconozco. Pero es que era entrar en esta paginita y ver todo el espacio en blanco que debería estar lleno de letras y me daban unas ganas de ponerme a jugar al juego ese tan divertido que había encontrado por internet... Que no es excusa, lo se, pero, ¡leches!, que bien me lo pasaba jugando al caracol, al mahjong o a los lemmings...
lunes 22 de mayo de 2006
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lunes, mayo 22, 2006
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